El pasado 30 de julio el Congreso de los Estados Unidos citó una audiencia programada de forma virtual a cuatro de las grandes compañías del eje tecnológico de Silicon Valley, y a sus máximos representantes; Facebook a cargo de Mark Zuckerberg, Apple y Tim Cook, Google y Sundar Pichai, Amazon y Jeff Bezos.

El motivo de la audiencia fue la propuesta de la ley antimonopolio, los máximos representantes del Congreso fueron apabullantes con los diversos interrogatorios con los ejecutivos de las compañías involucradas.

Otros temas que se trataron, fueron la recopilación de datos a otras compañías pequeñas, la adquisición de manera exorbitante por parte de Facebook a dos empresas rivales en su momento (WhatsApp e Instagram) para impedir el fortalecimiento de la competitividad, las comisiones obtenidas por Apple con relación a su AppStore y sus desarrolladores, asimismo, el tema de Amazon con respecto a su tienda online y los productos procedentes de su stock de mercancía.

Para el Congreso, los métodos aplicados por las grandes empresas constituyen un monopolio y absoluto control en el mercado de las tecnologías, evitando que otras compañías puedan ejercer una competitividad dentro del marketing, asfixiando las opciones a dichas corporaciones.

Los cuestionamientos fueron intensos y la audiencia fue de 5 horas y media, donde los ejecutivos se pudieron defender ante las acusaciones de los parlamentarios. No obstante, ninguno de los citados a la sesión virtual dio muestras de prevalencia con el interrogatorio hostil del congreso.

En cuanto a las veces que han sido citados por el congreso a rendir cuentas, Facebook y Google ya han acudido en varias instancias ante la llamada del parlamento norteamericano, los antecedentes se remontan desde 2018 por el escándalo de Cambridge Analytica y la criptomoneda de la compañía de Zuckerberg.

Por su parte, Apple y Amazon han sido muy misteriosos en torno a las investigaciones previas y las citaciones del congreso, lo que sí ha demostrado, es el impacto que todas las compañías han generado en sus patrimonios personales y en la construcción del imperio tecnológico.

 Las regulaciones y controles son la premisa en Washington, aspecto que pone en entredicho unas posibles leyes que permitan mayor sumisión de las compañías, no sólo en el ámbito comercial, tecnológico, sino, también en el plano político.