La Voyager 1 es la sonda que más distancia ha recorrido desde su lanzamiento el 5 de septiembre de 1977, un día como hoy hace cuarenta años. El récord, conseguido en febrero de 1998 al superar el hito de la Pioneer 10, convierte a esta nave en el objeto creado por el ser humano más alejado de la Tierra. Según las estimaciones de la NASA, la Voyager 1 ha recorrido hasta la fecha más de 20.700 millones de kilómetros hasta alcanzar el espacio interestelar. Un logro inédito para una misión que nos permitió descubrir algunos desconocidos secretos del sistema solar.

Cuando se produjo el lanzamiento de la nave a bordo del vehículo Titan IIIE desde Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos), habían transcurrido apenas dieciséis días desde que la sonda gemela, la Voyager 2, despegó para llevar a cabo el Grand Tour. A pesar de que su lanzamiento fue más tardío, la sonda Voyager 1 llegó antes a sus dos primeros objetivos, Júpiter y Saturno, al recorrer una trayectoria más corta. Además, la misión no experimentó tantos problemas como su homóloga durante los primeros instantes del lanzamiento y, meses después, en diciembre de 1977, logró adelantarla en su viaje por el espacio.

Lee: ‘Game of Thrones’: La supuesta filtración de lo que sucederá en la próxima temporada

Casi un año después, la Voyager 1 alcanzó el planeta más grande del sistema solar, Júpiter. La nave comenzó a fotografiar el mundo que hoy explora la sonda Juno en enero de 1979, situándose a 349.000 kilómetros de su superficie dos meses después. Gracias a su aproximación, el programa de la NASA consiguió observar el campo magnético, los anillos y su cinturón de radiación. La Voyager 1 también estudió de cerca Europa, la luna que presenta condiciones de habitabilidad, e Ío, el satélite más próximo a Júpiter, descubriendo por primera vez actividad volcánica fuera de la Tierra. Las fotografías tomadas por la nave acerca de esta luna se pueden ver en esta composición realizada por la agencia espacial norteamericana.

Al año siguiente la misión se dirigió hacia Saturno, que estudió a una altura de 124.200 kilómetros meses antes de que llegase su homóloga, la Voyager 2. Allí llegó el 12 de noviembre de 1980, momento en el que empezó a explorar su atmósfera y anillos, además de estudiar de cerca una de las grandes incógnitas del sistema solar, Titán. Este satélite resultaba muy atractivo para la comunidad científica, ya que se conocía hace algo más de cuatro décadas que la luna de Saturno era la única que poseía una atmósfera, según explica el astrofísico Daniel Marín. El gran esfuerzo realizado para sobrevolar Titán no resultó en balde, ya que la Voyager 1 consiguió obtener imágenes del satélite.

Lee: Facebook pagaría millones de dólares por los derechos musicales

Sin embargo, la luna de Saturno albergaba una gran sorpresa. Por un lado, Titán estaba cubierto de una espesa niebla compuesta de hidrocarburos, lo que impidió a la sonda captar fotografías de la superficie del satélite. Por otro lado, los datos de la misión permitieron confirmar que el compuesto químico más abundante en Titán no era el metano —como se creía—, sino el nitrógeno. Décadas después, el programa espacial Cassini descubriría la existencia de mares de metano líquido, etano y nitrógeno en su superficie. Más recientemente, los investigadores resolvieron un misterio sobre este enigmático satélite al comprender por qué desaparecían las islas de su superficie.
Lee el artículo completo en: Hipertextual