¿Cuántas veces al año marca usted una casilla en la que autoriza al acceso y sesión de sus datos? ¿Cinco, diez? Haga bien la cuenta. Aunque la espada de Damocles apunte a las redes sociales, en realidad, los datos se ceden en cualquier transacción. Al contratar una tarjeta de crédito, hacer una compra, dar de alta una wifi, participar en una encuesta, al visitar páginas web… Datos que individualmente no tienen valor, juntos constituyen una nueva minería, más valiosa que la del oro.

No son solo los datos privados de cada persona, sino los de cada actividad individual, cada compra o cada emoticono con el que se reacciona a los comentarios en las redes sociales, el big data permite obtener las preferencias políticas, religiosas, sexuales y alimenticias, así como la situación económica, sanitaria, policial e incluso emocional de cada persona. Los algoritmos secretos que usan estas empresas son cada vez más sofisticados y, por tanto, las posibilidades, infinitas.

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Un equipo de investigadores de Amnistía Internacional (AI) revela la oferta por parte de una de estas empresas, Exact Data, de los datos de 1,8 millones de musulmanes por 138.380 dólares (126.851 euros), es decir, a razón de 7,5 centavos (7 céntimos de euro) por persona. La compañía en cuestión, “presume de tener una base de datos total de 200 millones de contactos de Estados Unidos que se pueden filtrar mediante 450 categorías, tales como religión y etnia”, detalla el informe y ha podido comprobar este periódico en la propia web. Este sitio, ExactData.com, también ofrece “un abanico de listas de contactos preconfiguradas”, por ejemplo, las de “estadounidenses hispanos no asimilados” (en referencia a los que no están integrados en la sociedad de EE UU, independientemente de su condición legal)”.

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El hecho de que se pueda comerciar con estas listas y puedan acabar en manos indebidas, hace posible que se utilicen para iniciativas que podrían vulnerar los derechos humanos, como la creación de sofisticados perfiles que pueden atentan contra la privacidad”, advierte el director de Comunicación de AI España, Miguel Ángel Calderón.

Una de las autoras de esta investigación, asesora de Tecnología y Derechos Humanos de esta organización, Tanya O‘Carroll, explica desde Londres que el comercio con datos privados “es un negocio floreciente”.

El País de España