Imagina volver a casa, meter la llave en la cerradura y comprobar que no puedes abrir la puerta. En ella hay colgado un papel en el que se te pide una cantidad de dinero a cambio de facilitarte la llave que abrirá la nueva cerradura que alguien ha instalado en la puerta de tu casa.

Así funciona el ransomware, uno de los peligros digitales que más crece y que más popularidad tiene entre los amigos de lo ajeno. Un ejemplo, el ransomware Cryptowall v3 ha intentado infectar más de 400.000 computadoras, sólo en su tercera versión, con un coste aproximado de 631 millones de dólares en daños.

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A diferencia de un virus, troyano o adware, que roban tus datos, ralentizan tu ordenador o lo inutilizan directamente, el ransomware tiene como propósito impedirte el acceso a tus archivos o a tu computadora. ¿El precio para recuperar el control? Pagar una cantidad determinada al autor del software infeccioso.

¿Por qué el ransomware es tan popular? Principalmente porque cualquiera puede desarrollarlo, enviarlo a una lista de correo, infectar varios equipos y obtener un beneficio económico con el mínimo esfuerzo.

Tal como ocurre con virus y troyanos, existen en internet herramientas con las que fabricar tu propio ransomware, en algunos casos tan fáciles de usar como seguir unas pocas instrucciones y marcar la opción deseada.

El ransomware se basa en el cifrado de archivos, por lo que sin la clave o el software original que cifró tus archivos, se hace complicado descifrarlos para que vuelvas a recuperarlos de nuevo. De ahí que muchas víctimas paguen lo que se les pide.

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